Cuando los doctores me dijeron que tenía que hacer una dieta de desinflamación celular por la trombofilia, lo primero que me sacaron fueron los lácteos, azúcares, harina de trigo y todos los amados ultraprocesados.
Casi que todo lo que tenía en mi casa, no se podía comer. CHAU
¿Se entiende? Todo lo rico y sabroso se estaba por quedar afuera de mi vida diaria. Me generó una sensación de vacío fea.
Chau a mi café con leche de todas las mañanas, a las tortas ricas con amigas, los helados con mi sobrina y las apreciadas comidas rápidas y congeladas que me sacaban de apuro a la noche después de trabajar tanto.
Todo lo que preguntaba si podía seguir comiendo, me respondían que NO.
No era una cuestión de bajar de peso, era una cuestión de salud, de sentirme mejor y ver si así podía bajar la inflamación celular para poder quedar embarazada.
Después del bajonazo que sentí por la dieta que me habían dado, me di cuenta que no solo la dieta era todo un desafío, si no que también era un desafío cambiar mis hábitos de compra y de organización en mi casa.
De golpe ya no me servía hacer las compras online en el supermercado.
No había nada que me sirviera ahí.
De estar acostumbrada a estar frente a la computadora y comprar todo online, repetir el carrito del mes pasado sin pensarlo y llenarlo rápido para que me llegue al otro día, tuve que organizarme y ver qué y dónde comprar mi comida.
Y ahí fue cuando entré por primera vez a una dietética, hace como unos 10 años.
Mi camino de ida.
Pero antes de darme cuenta de que todo lo de la alimentación saludable era lo que me interesaba, tuve que aprender sobre ella, porque me acuerdo de entrar a esa dietética en Palermo y no entender nada de lo que había ahí exhibido.
La información no estaba tan difundida como ahora, y yo venía de comer comidas congeladas. Una combinación letal para una dieta restrictiva y saludable.
No tenía idea de nada.
El propósito era no morir en el intento de hacer una dieta saludable. Mi obligación conmigo misma era encontrar cosas ricas que comer y que le hicieran bien a mi cuerpo.
Fueron pasando los meses y fui probando distintas opciones de galletitas sin azúcar, de endulzantes, de chocolates sin azúcar, mantequilla de maní hasta encontrar el sabor que a mi me gustara.
La verdad es que todo tenía un sabor distinto y mi paladar se tuvo que ir acostumbrando a lo nuevo.
No fue de la noche a la mañana, pero con el tiempo fui encontrando mis gustos dentro de todo lo que es sano.
EMME nació de esa búsqueda personal por eso en nuestro catálogo están los productos que fuí testando con el tiempo.
Son marcas saludables que ofrecen calidad y buen sabor también.
Se que cada uno tiene que hacer su propio camino de alimentación saludable. En más, les deseo que lo puedan hacer porque uno se encuentra probando nuevas cosas y a su vez se encuentra a uno mismo buscando lo mejor para su día.
Desde EMME, te aportamos nuestro granito de arena con estas opciones saludables, sanas y prácticas: www.emme.com.ar.
Nos volvemos a escribir dentro de poco.
La chica detrás del mostrador
