No soy deportista. Nunca lo fui. 

Con grandes problemas de columna, de chica no me dejaron hacer deporte.


Mi juventud la pasé con un corset y en kinesiología todo el tiempo.


Ahora, hago fútbol femenino con las mamás del cole y voy a un gimnasio en la misma manzana que mi casa, justo a la vuelta.


No tengo excusas para no ir, aunque siempre hay una.


El concepto de este gimnasio es muy interesante para estar en Recoleta. 

Según los estándares del barrio, se podría decir que es un ¨gimnasio de mala muerte¨, pero es mucho más que un gimnasio.


Es un lugar donde la gente va a conectar con el otro, a charlar y de paso a hacer un poco de ejercicio.


La finalidad es sentirse bien y ejercitar más que mirarse los músculos en el espejo.


En el “gimnasio de mala muerte” todos te llaman por tu nombre o apodo, y nadie sobresale del resto. La mayoría elige ropa holgada, nada muy estético pero sí muy cómodo. 

Ni siquiera los que atienden, que a pesar de que son dioses del Olimpo, no muestran su físico abiertamente.


Yo hago gimnasia funcional tres veces por semana y ya se armó equipo con las otras chicas. Nos damos ánimo entre todas, mientras físicamente nos vamos agotando.


A veces, los 20 segundos de funcional entre cada intervalo de descanso pueden ser una eternidad. ¿Lo probaste?


Igual no me quiero desviar del tema. Lo que te quiero transmitir es que 

lo importante es darle prioridad a tu tiempo para vos y a tu cuerpo, a pesar de las millones de cosas que tenemos que hacer.


Es elegir experiencias y consumos que nos hagan sentir bien en el día a día.


En mi caso, desde el año pasado me lo tomé en serio. 

Así como voy a llevar a mi hija al colegio y no hay opción de no llevarla porque tiene que ir todos los días, me pasa lo mismo con el gimnasio. 

Lo puse en mi cabeza dentro de mis tareas diarias y ya no pienso si voy a ir o no.

Voy después de dejar a Emma en el cole y me saco el tema de encima bien temprano. 


Con el cuidado personal no hay que esperar que aparezcan las ganas.

Hay que ir y ya. La vida misma. 

Mejor dicho: la vida misma, pero priorizándonos en algún momento del día.


Cuando uno ya está en el gimnasio, realmente lo peor ya pasó (la resistencia) y no queda otra más que entregarse a la actividad. Es darlo todo, una hora nada más.


Después uno se siente mejor físicamente y también mentalmente por haberlo logrado.
Tratá de implementarlo, un poco cada semana.


Empezás yendo una vez, te sentís bien. Después hacés malabares para llegar a ir dos veces por semana. Y, sin darte cuenta, ya estás yendo tres veces por semana y te estás auto aplaudiendo 

(con bombos y platillos)

Realmente te deseo que puedas encontrar tu “gimnasio de mala muerte” así priorizás tu bienestar, cuidás a tu cuerpo y a tu mente un poco todos los días. 


Nos seguimos escribiendo
La chica detrás del mostrador